Bioinsumos misioneros, del aislamiento de hongos a su uso en las chacras
La producción de Mihoba y los ensayos hortícolas muestran el recorrido de una tecnología biológica local. Su adopción combina investigación, registro, capacitación y seguimiento de cultivos.
La entrega de 1.500 unidades de Mihoba a productores misioneros, anunciada por la Biofábrica el 1 de agosto de 2026, muestra una aplicación territorial del desarrollo de bioinsumos. El producto utiliza cepas de un hongo benéfico y forma parte de las herramientas que la institución ofrece al sector hortícola. La acción se articuló con el Ministerio del Agro y la Producción y alcanzó a familias que incorporaban otras actividades a sus chacras.
La distribución se orientó a familias tabacaleras que incorporaban producción bajo invernadero, con tomate y pimiento entre los cultivos previstos. Mihoba se sumó como una herramienta biológica para ese cambio de actividad. El aporte de la Biofábrica se articuló con el Ministerio del Agro y la Producción: la institución elaboraba el insumo y el trabajo territorial lo acercaba a establecimientos que ampliaban sus alternativas hortícolas.
Por qué un microorganismo puede convertirse en un insumo
Los bioinsumos comprenden productos de origen biológico que cumplen funciones específicas dentro de la producción. Algunos se utilizan para nutrición o estimulación vegetal; otros intervienen en el manejo de organismos que afectan a los cultivos. El INTA desarrolla tecnologías basadas en microorganismos benéficos para distintos usos, lo que muestra la amplitud de un campo que reúne productos con mecanismos y finalidades diferentes.
Mihoba está formulado a partir de Trichoderma asperellum. La Biofábrica lo desarrolló con cepas obtenidas en Misiones y lo presenta como biofertilizante y biofungicida. El origen local del material constituye un dato de su investigación; la utilidad de una formulación requiere, además, conocer para qué situaciones fue evaluada y bajo qué condiciones puede utilizarse. La identidad del microorganismo es parte de esa información.
Que un producto sea biológico no lo vuelve equivalente a cualquier otro producto de la misma categoría. Su composición, finalidad y condiciones de conservación pueden ser diferentes. Tampoco permite asumir que resolverá todos los problemas de un cultivo. La elección necesita relacionar la herramienta disponible con la situación productiva y con las indicaciones autorizadas para su uso.
La capacitación comenzó antes de la comercialización
En septiembre de 2021, la Biofábrica ya realizaba actividades de formación vinculadas con su formulación a base de Trichoderma. Por entonces, el producto estaba en etapa de autorización ante Senasa para comercializarse. El trabajo incluía difusión de características y formas de utilización entre grupos de productoras vinculados con la horticultura provincial.
La Biofábrica ubica en 2022 el registro de Mihoba ante Senasa. En agosto de 2026 lo ofrecía comercialmente y lo identificaba como apto para producciones certificadas bajo la norma orgánica argentina. La autorización de un producto permite reconocer su formulación y condiciones de uso. Para el productor, esa identificación debe acompañar al envase y a las indicaciones técnicas durante la compra, la conservación y la aplicación.
La escala de producción agrega otras exigencias. Repetir una formulación requiere sostener características de calidad entre lotes y conservar información que permita identificarlos. La distribución debe mantener las condiciones previstas para el producto. En una tecnología que utiliza organismos vivos, el recorrido entre elaboración y aplicación forma parte del desempeño que se pretende obtener en el establecimiento.
Tomate bajo cubierta y manejo integrado en San Vicente
El Centro de Producción y Validación de Tecnologías Hortícolas, en San Vicente, trabaja con herramientas biológicas dentro de un esquema de manejo integrado de plagas y enfermedades. En febrero de 2026, la experiencia incluía tomate bajo invernadero, monitoreo y utilización de organismos benéficos. La combinación permite observar el cultivo y elegir intervenciones según su estado, en lugar de reducir el manejo a una única aplicación.
En el tomate bajo cubierta, Tupiocoris cucurbitaceus actúa como depredador de mosca blanca y arañuela, además de intervenir sobre otras plagas. El centro incorpora también abejorros del género Bombus para polinización. Sus funciones son distintas: un organismo participa del manejo sanitario y el otro favorece el cuaje de las flores. La selección de herramientas biológicas responde a esas necesidades específicas del cultivo.
El esquema de San Vicente incluye trampas y observación del estado de las plantas para decidir las intervenciones. Durante las primeras etapas también utiliza Biomo, que combina bacterias promotoras del crecimiento y micorrizas. La experiencia reúne así procesos distintos —nutrición, polinización y manejo de plagas— dentro del mismo invernadero. El monitoreo permite ajustar el trabajo según las condiciones ambientales y la evolución del tomate.
Registro y acompañamiento durante la adopción
En la Argentina, Senasa interviene en el registro de los productos destinados a protección vegetal y nutrición de cultivos. Las evaluaciones y los requisitos dependen de la categoría correspondiente. La existencia de un registro permite identificar un producto y sus condiciones autorizadas; no reemplaza la capacitación de quien lo utiliza ni la necesidad de seguir las indicaciones que acompañan su comercialización.
El asesoramiento resulta especialmente útil cuando una chacra incorpora una tecnología que modifica sus rutinas. Almacenamiento, preparación y momento de uso pueden requerir cuidados diferentes de los conocidos por el productor. Una capacitación puede trabajar esas preguntas con ejemplos del cultivo, sin presentar recetas universales ni extrapolar resultados de un ensayo a toda la provincia.
La expansión de bioinsumos también se vincula con una agenda de diversificación. En 2025, la propuesta de chacras multiproductivas de Carlos Rovira incluyó a la Biofábrica y sus insumos biotecnológicos dentro de un régimen de acompañamiento a unidades rurales. Esa relación corresponde al diseño de una política de apoyo; el desarrollo científico del producto conserva la autoría y el trabajo de sus equipos especializados.
La capacitación se extendió a otras producciones. En el balance provincial del programa de diversificación difundido en 2026, el acompañamiento alcanzó a productores de hortalizas en hidroponía, frutilla, tomate, pimiento y jengibre. Las entregas de insumos se combinaron con formación sobre inoculación y manejo sanitario del suelo con Mihoba. El trabajo articulado con municipios, Biofábrica e INTA acercó esas técnicas a decisiones concretas de implantación y cuidado del cultivo.